Os reto a buscar un solo comercial en el mundo que no quiera vender a CUALQUIER cliente.

Forma parte de nuestro ADN.

Somos, en cierto modo, como depredadores, que nunca dejan escapar una presa…

Y que no se sientan ofendidos los clientes, por los que siento el mayor de los respetos.

Pero, es cierto, los comerciales salimos a la calle a comernos el mundo, y un resultado que no sea una venta no es aceptable.

Sin pararnos a analizar el cliente que queremos captar, la situación en conjunto.

Y no es que sea importante.

Es ESENCIAL.

No a todos los clientes les vale lo que ofrecemos.

No todos los clientes encajan en lo que nuestra empresa ha marcado como línea de negocio.

Ajustar con calzador lo que quiere el cliente con lo que ofrece mi empresa (y como lo ofrece) es un error. En poco tiempo, acabará saltando por los aires.

Mal negocio.

Para evitar dolores de cabeza (y problemas más serios…) basta con centrarse, sólo, en nuestro CLIENTE OBJETIVO.

Aquel cliente cuyas necesidades puedan ser satisfechas por el producto o servicio que nuestra empresa ofrece.

Pero que no exige que le hagamos un «traje a medida» que nos haga perder tiempo, dinero, y poner en riesgo nuestro negocio.

Tratar de adaptarse al cliente está bien, pero contorsionarse como un faquir, a gusto del consumidor, nos conducirá a un más que incómodo dolor de espalda…como poco.

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